El próximo 8 de marzo los caqueteños tenemos una cita decisiva con la democracia. Es una gran oportunidad para demostrar si, como sociedad, hemos aprendido de nuestros errores o si estamos dispuestos a repetirlos una vez más.
Votar no es solo acudir a las urnas a marcar un tarjetón; es un acto de responsabilidad profunda con nuestro territorio, con nuestras familias y con las generaciones que vienen. Por eso, hoy es necesario hacer una pausa y preguntarnos con honestidad: ¿sobre qué bases estamos eligiendo a nuestros representantes?
Durante años, el Caquetá ha sido víctima de promesas vacías, discursos emotivos sin sustento y campañas basadas en falsas ilusiones. También hemos visto cómo algunos convierten la necesidad de la gente en un botín electoral: mercados, favores, contratos prometidos, dádivas disfrazadas de ayudas sociales. Eso no es política; eso es corrupción, y la corrupción siempre cobra factura.
Cuando se vota por prebendas, se renuncia al derecho de exigir resultados. Cuando se vota por una sonrisa o un regalo, se hipotecan cuatro años o más de desarrollo, seguridad y oportunidades. Y luego no vale preguntarse por qué seguimos con una vía nacional en mal estado, con escasas oportunidades para los jóvenes o con un campo que sigue esperando soluciones de fondo.
Este llamado es claro y respetuoso: preparémonos para votar sobre bases ciertas. Revisemos trayectorias, no solo publicidad. Analicemos propuestas reales, no cuentos bien contados. Preguntémonos quién ha trabajado de verdad por el Caquetá y quién solo aparece en tiempos electorales. La información está ahí; lo que falta, muchas veces, es la voluntad de buscarla y contrastarla.
No podemos seguir premiando la improvisación ni normalizando las malas prácticas. La política no debe ser un negocio personal ni familiar; debe ser una herramienta para servir, y eso empieza por ciudadanos informados, críticos y valientes, capaces de decir “no” a lo fácil y “sí” a lo correcto.
El 8 de marzo no dejemos que nos compren el voto ni la conciencia. El Caquetá merece líderes que representen con dignidad, que legislen con conocimiento y que defiendan el territorio con hechos, no con frases vacías. El cambio real no llega por arte de magia ni por promesas fantasticas; llega cuando la ciudadanía decide votar con cabeza fría.
La democracia se construye una elección a la vez. Que esta sea recordada como el día en que los caqueteños eligieron con criterio, con memoria y con amor verdadero por nuestra tierra.